La compañía tecnológica Alphabet Inc. anunció una emisión récord de deuda por USD 20.000 millones destinada a financiar la mayor expansión de infraestructura en su historia. La estrategia apunta a reforzar el desarrollo de la inteligencia artificial de Google mediante inversiones masivas en centros de datos y capacidad de cómputo.
Entre los instrumentos financieros se destacó un bono a 100 años por 1.000 millones de libras esterlinas (USD 1.370 millones) con una tasa del 6,125 %, una operación poco habitual en el sector tecnológico.
Expansión acelerada de la inteligencia artificial
El objetivo central es duplicar cada seis meses la capacidad de procesamiento y almacenamiento de sus servicios de nube e IA. El crecimiento responde al uso creciente de modelos avanzados como Gemini, que demandan cada vez mayor potencia computacional.
Para 2026, la empresa proyecta invertir USD 185.000 millones en infraestructura de inteligencia artificial, aproximadamente el doble del año anterior. La compañía busca asegurar hoy el financiamiento y construir la base física de la economía digital de las próximas décadas.
Financiamiento a largo plazo y liquidez
Aunque posee más de USD 120.000 millones en efectivo, Alphabet optó por la deuda para:
- Preservar liquidez
- Aprovechar tasas actuales
- Evitar refinanciaciones futuras
Fondos de pensión y aseguradoras concentraron gran parte de la demanda del bono centenario, considerado atractivo por su horizonte de largo plazo.
Competencia entre gigantes tecnológicos
La expansión no es aislada. Empresas como Amazon, Microsoft, Meta Platforms y Oracle Corporation también incrementan inversiones en centros de datos.
Solo en 2025, estas compañías prevén emitir más de USD 121.000 millones en deuda para financiar infraestructura digital.
Debate: infraestructura estratégica o burbuja tecnológica
Analistas financieros consideran que el mercado ve a Google como un “crédito cuasi soberano”, lo que facilita el acceso a financiamiento.
Sin embargo, algunos especialistas advierten sobre riesgos de sobreinversión y posible burbuja si la demanda de IA no crece al ritmo esperado.
La operación se interpreta como una apuesta estructural: para sus defensores, es la construcción de la infraestructura clave del siglo XXI; para sus críticos, un compromiso excesivamente largo en un sector de rápida evolución.

