La investigación por el choque de trenes en España, que dejó más de 60 muertos y decenas de heridos, se centra en dos hipótesis principales: una falla en el sistema informático de señalización ferroviaria y un posible error humano durante la reanudación del servicio.
Los investigadores buscan establecer por qué el centro de control habría autorizado la circulación a velocidad normal, pese a que el sistema de seguridad estaba fuera de servicio y el protocolo establecía que las formaciones debían avanzar a un máximo de 40 kilómetros por hora.
El accidente ocurrió a la altura de la estación de Urda, en un tramo ferroviario situado entre las localidades de Mora, Orgaz y Urda. Según las primeras reconstrucciones, una formación AVE impactó desde atrás contra un tren de la empresa Iryo, que había quedado detenido aproximadamente 25 kilómetros más adelante.
La falla en el sistema de señalización ferroviaria
Una de las principales líneas de investigación apunta al funcionamiento del sistema de seguridad LZB, utilizado para controlar la circulación de los trenes de alta velocidad en España.
Según la reconstrucción inicial citada por el medio El País, el sistema dejó de funcionar durante la mañana del accidente. La falla provocó la detención de alrededor de seis formaciones en la zona, tres en cada sentido de circulación.
Ocho minutos después, el centro de control pasó a operar de manera manual y autorizó a los trenes a reanudar el recorrido. Sin embargo, la formación de Iryo no consiguió arrancar y permaneció detenida sobre las vías. Las causas de ese inconveniente todavía no fueron esclarecidas.
Investigan una posible equivocación del operador
La investigación también analiza la actuación del operador de Adif, la empresa estatal encargada de administrar la infraestructura ferroviaria española.
Según fuentes del Ejecutivo español, el controlador habría autorizado al AVE a continuar con normalidad, aunque tenía información en pantalla sobre la presencia de una formación detenida más adelante.
La principal sospecha es que el operador no habría advertido al conductor sobre la necesidad de reducir la velocidad o detenerse durante el trayecto que separaba ambas formaciones.
Los investigadores consideran que esa circunstancia debe esclarecerse, ya que el sistema de control debía mostrar la ubicación del tren detenido. Las órdenes impartidas quedaron registradas en audio y por escrito, y esos registros ya fueron revisados por los técnicos que participan de la investigación.
Qué establece el protocolo ante una falla informática
El sistema ferroviario está diseñado para detener automáticamente los trenes cuando se interrumpe el control informático. Si la circulación debe reanudarse de manera manual, la seguridad depende de las instrucciones que transmite el centro de control.
Ante una falla de estas características, el protocolo establece que las formaciones deben avanzar “a la vista”, es decir, a una velocidad reducida que permita reaccionar ante cualquier obstáculo.
De acuerdo con la reconstrucción inicial, los trenes debían circular a un máximo de 40 kilómetros por hora. Sin embargo, las primeras hipótesis sostienen que el AVE habría recibido autorización para retomar la marcha a velocidad normal.
La diferencia resulta central para la investigación. Sin el sistema informático en funcionamiento, el conductor no contaba con la asistencia automática que debía advertirle sobre la presencia de otra formación detenida en las vías.
Por ese motivo, el maquinista dependía de las instrucciones transmitidas desde el centro de control de Atocha. Según la información difundida, otros cuatro trenes que también habían quedado detenidos en la zona pudieron continuar sin inconvenientes porque encontraron las vías despejadas.
El AVE, en cambio, avanzó hasta impactar contra la formación de Iryo. En ese tramo, los trenes pueden alcanzar velocidades de hasta 200 kilómetros por hora, aunque todavía no se determinó a qué velocidad circulaba la formación al momento de la colisión.
La investigación busca reconstruir la secuencia del accidente
Las primeras hipótesis apuntan a una posible combinación entre la falla del sistema de señalización y una equivocación humana durante la reanudación del servicio. No obstante, las causas todavía deben ser confirmadas por los investigadores.
Entre los aspectos pendientes se encuentran los motivos por los que el tren de Iryo no pudo arrancar, las instrucciones que recibió el conductor del AVE y las condiciones exactas en las que se produjo el impacto.
Según fuentes del Ejecutivo español, el controlador ferroviario se encontraba asistido por un abogado y un psicólogo en el centro de mando, dada la gravedad de lo ocurrido.
La investigación deberá analizar los registros del sistema, reconstruir la secuencia de órdenes y determinar si se incumplieron los protocolos de seguridad establecidos para una falla informática.
El choque dejó más de 60 muertos, decenas de heridos y varios vagones destrozados en un terraplén. Las conclusiones de la investigación permitirán establecer las responsabilidades y las causas concretas de la tragedia.

