La traición que desató la furia
Cuando hay una pelea entre dos hombres suele ser por dinero o por una mujer.
El escenario es, nuevamente, el barrio privado El Paso, sobre la autopista Rosario–Santa Fe.
Las parejas eran amigas. Muy amigas. Uno de ellos, empresario arrocero, y su esposa. El otro, empresario de la salud, con su esposa. Pasaban ratos y comidas juntos.
Hasta que el empresario arrocero observó, azorado, que su bella esposa se puso en pareja con el vecino empresario de la salud.
El barrio privado como escenario del conflicto
El arrocero de la costa santafesina se volvió “loco”, literalmente. No comprendió que entre su ex y el empresario de la salud había nacido el amor. Y eso que ya no estaba Roberto Galán.
El empresario dedicado al arroz le clavó en los neumáticos de su ex un elemento punzante. Eso significó que sus cuatro ruedas dejaron de existir.
Al poco tiempo, el arrocero seguía enfurecido porque los veía seguido: a su ex, muy enamorada, con el empresario de la salud —parece que se llama Jerónimo; no lo sabemos con certeza—. Entonces, le incendió el auto a su ex.
¡Terrible!
Y todo ocurrió en el mismo predio de El Paso, donde suceden cosas inauditas, difíciles de creer. Pero a nadie parece importarle nada.
El expediente judicial y las declaraciones que estremecieron al barrio
Claro, hubo un juicio y las declaraciones fueron tremendas. Todo consta en el expediente.
Ahora tenemos que decir algo que nos enteramos por gente que vive en El Paso: el empresario arrocero, si bien se fue de su casa y de ese barrio privado, continúa yendo porque juega al golf con viejos amigos.
Nos comentan, al mismo tiempo, que al empresario del arroz lo quieren muchos allí, mientras que al de la salud no lo quiere nadie.
¿Será verdad?
La historia de Bajos Instintos con el conejo en la olla es nada al lado de lo que pasó en El Paso.
CFIN

