Un vuelo que se llenó de pasajeros por una huelga
El vuelo 981 de Turkish Airlines había comenzado su recorrido en Estambul y tenía como destino final Londres, con una escala en el aeropuerto parisino de Orly. La aeronave era un McDonnell Douglas DC-10 prácticamente nuevo y estaba al mando de una tripulación con amplia experiencia.
El avión llegó a París con 167 pasajeros. Sin embargo, una huelga de British European Airways dejó a cientos de personas varadas en Orly y muchos buscaron alternativas para llegar a Londres.
Así, 216 pasajeros adicionales subieron al DC-10. Después de un reembarque que demoró apenas media hora, el avión despegó rumbo a Heathrow con 333 pasajeros y 13 tripulantes: 346 personas en total.
Entre ellos había turistas, deportistas, empresarios, familias y pasajeros de distintas nacionalidades. También viajaban 48 jóvenes graduados universitarios japoneses y 17 jugadores de rugby británicos que regresaban de Francia.
Nueve minutos después del despegue
El vuelo transcurría con normalidad. El DC-10 ascendió hasta unos 7.000 metros y tomó rumbo oeste.
Pero alrededor de nueve minutos después del despegue, mientras sobrevolaba la zona de Meaux, ocurrió la falla que desencadenaría la tragedia.
La puerta de carga trasera izquierda se abrió durante el vuelo, provocando una descompresión explosiva dentro del avión. La diferencia de presión entre la cabina y la bodega generó una fuerza capaz de arrancar parte del piso de pasajeros.
Seis personas fueron expulsadas del avión y sus cuerpos cayeron en un campo situado cerca de Saint-Pathus. La escena fue presenciada desde tierra por varios testigos.
En la cabina de mando, los pilotos comprendieron inmediatamente que algo grave había ocurrido. El primer oficial alcanzó a advertir que el fuselaje había estallado.
El piso se desprendió y los pilotos perdieron el control
La despresurización provocó el colapso del piso ubicado sobre la bodega de carga. Debajo de esa estructura pasaban elementos fundamentales para el control del avión.
Los conductos hidráulicos que permitían accionar el timón, los elevadores y otros sistemas quedaron dañados.
La tripulación perdió prácticamente toda capacidad para controlar la aeronave. El DC-10 comenzó a descender en picada mientras aumentaba rápidamente su velocidad.
Los pilotos intentaron recuperar el control, pero la magnitud de los daños hacía imposible estabilizar el avión.
El impacto contra el bosque de Ermenonville
Apenas 72 segundos después de que comenzara la secuencia final, el DC-10 impactó contra el bosque de Ermenonville, a unos 40 kilómetros al noreste de París.
La aeronave chocó contra el terreno a una velocidad cercana a los 788 kilómetros por hora y quedó completamente destruida.
La violencia del impacto fue tal que el avión quedó reducido a más de 18.000 fragmentos. No hubo sobrevivientes entre las 346 personas que viajaban a bordo.
La tragedia se convirtió en uno de los accidentes aéreos más graves de la historia y puso nuevamente bajo la lupa los sistemas de seguridad utilizados en las puertas de carga de los aviones de fuselaje ancho.
Una falla que dejó consecuencias para la aviación
El accidente del vuelo 981 no quedó solamente como una tragedia humana. La investigación posterior puso el foco en el diseño y el mecanismo de cierre de la puerta de carga del DC-10.
El caso mostró las consecuencias que podía tener una falla en una zona que, a simple vista, parecía independiente de los sistemas de control de vuelo.
La tragedia del vuelo 981 dejó una profunda huella en la industria aeronáutica y se convirtió en un caso de referencia sobre seguridad, diseño y procedimientos de mantenimiento.
Más de cinco décadas después, el accidente continúa siendo recordado por la rapidez con la que una falla estructural transformó un vuelo rutinario entre París y Londres en una de las mayores tragedias aéreas ocurridas en territorio francés.

